Otro fin de semana más, otra semana menos

Publicado: febrero 18, 2013 en Los días de Pepe

Este viernes recibía 6 invitados, así que preparé la visita con todo lo que era necesario, como organización para dormir, cena y un poquito de alcohol para la primera noche, e itinerario del turismo por Saarbrucken. Tanto de día, como de noche.

Al parecer se adelantaron a mis planes, y el viernes estuvieron 1 hora visitando la ciudad en coche, dando vueltas mientras buscaban mi casa. Finalmente, comunicación a 3 bandas y con las indicaciones básicas, y yendo en su busca por la calle nos encontramos. Al viernes le faltaba poca tela por cortar, cenar y beber un poco mientras charlábamos sobre temas varios.

El sábado empezó peleón, ya que se pactó no madrugar pero alguno se lo tomó muy a pecho y casi hay que pegarle 2 tiros para que se levantase. Yo tenía una gran preocupación y dilema con la Europa Galerie (bello centro comercial), ya que era indiscutible que había que visitarlo, pero no me quería someter a la tortura de ir de una tienda a otra. A eso me ayudaron ellos, ya que al verlo a primera hora, dijeron de dejarlo para por la tarde. Poco después el tema se arreglaría sin mi ayuda.

La visita pareció gustarle más a las chicas, que apreciaban cada fachada, cada iglesia, cada monumento. Mientras tanto, los chicos mostraban un inesperado interés por volver a casa para echarse la siesta. Entre visita y visita, llegó la comida. Un contundente kebab que dejaba pocas ganas de pasear, y por ello la tortura en el Europa Galeria no llegó a tal. Después, visita al campo de concentración y a casa, donde todos acabaron durmiendo mientras los dos valientes que nos quedamos viendo una peli. Por la noche todo estaba previsto, un taxi que nos recogía y nos dejaba en nuestro destino, la discoteca Seven.

Antes de salir y como manda la tradición española, un poquito de alcohol para combatir el frío. Los vecinos aguantaron justo hasta 1 minuto antes del que ibamos a salir, una adorable pareja en pijama y albornoz, que bajaron a preguntar si podiamos bajar el volumen. Todo muy amable, ja ja (sí, sí) y se fueron contentos a casa. Por nuestra parte cumplimos, nos esperaban abajo dos taxis de pakistanís dispuestos a hacer una carrera ilegal con nosotros dentro. Eso animó el trayecto, y a 100 por hora y música al máximo llegamos a nuestro destino.

Un par de aspectos a destacar de la discoteca. Por un lado, el método de pago que es bastante usual por esta zona. A diferencia de en España (y en otro cualquier lugar que yo conozca) donde pagas cada consumición en el acto, aquí te facilitaban una tarjeta donde te iban cargando todo y pagabas al salir. Una auténtica bomba de relojería que te mantiene muy atento durante la noche, siendo precavido con pasar la línea de contento a borracho. En el baño (dentro), te podías encontrar a una negra de más de 100 kilos sentada en una silla con una bandeja de chupa chups y caramelos, que se suponía que podñias coger a cambio de la voluntad. Por mi parte, mi única voluntad era salir del baño sano y salvo por lo que no traté de coger caramelo alguno. Por último, había bastantes reservados ocupados por niñatos y niñatas, que constaban únicamente de una pequeña tarima para ver mejor el resto de la discoteca.

Poco más a destacar y el día siguiente como suelen ser los domingos no tuvo mucha historia. Levantarse, comer y sofá. Ya sólo me queda un fin de semana fuera de casa, el tiempo pasa volando.

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